Aplausos de pie para Historias de diván

Pasada las 21:00 el auditorio “Carlos María Scelzi” estaba completo. La gente esperaba la presentación con ansias de Gabriel Rolón y compañía. La cual no se hizo esperar

Por Adrián Gimenez

Antes de comenzar la obra, el psicoanalista Gabriel Felipe Rolón, tuvo la cordialidad de hablar al público sobre la ciudad y contó el porqué de la obra. Explicó, y desde la producción también, se hizo hincapié en apagar los celulares y hasta en forma graciosa Rolón dijo: “el papel del envoltorio de un caramelo hace ruido, así que si quiere cómaselo ahora”. “Hice la promesa de respetar las historias a los familiares y porque si se está en lo más importante de la charla con el paciente podía llegar a romper el clima”. Por ese motivo no hay fotos de momentos de la obra.

Detalles a destacar

Sonido e iluminación excelentes. Por momentos los comentarios de los pacientes generaban que el auditorio se enmudeciera.

La pantalla que estaba de fondo fue algo muy creativo: la interacción de Rolón cuando conoce a Majo en una fiesta; ellos parados y detrás se podían ver escenas de la reunión. La recreación del consultorio o cuando los personajes recordaban, los videos se hacían presentes con muy buena calidad y efectos notándose una muy buena edición. Los micrófonos permitieron a los actores que se los escuchara bien claro.

Antonio, el cura, sus intervenciones algunas un tanto graciosa y otras generaban tensiones, viceversa con Majo quien empieza la historia más alegre y termina con un final no deseado. El caso del padre se resuelve a través de la charla, dejando en claro que no eran sesiones, Gabriel pudo llegar a dar con lo que lo aquejaba al sacerdote el porqué de su estado de ánimo.

Las intervenciones de Gustavo, Carlos Nieto, el analista de Rolón, por momentos aparece en medio del análisis del paciente, o al final del relato; explicándole, dándole otro punto de vista, intervenciones graciosas y por momentos intensas. En el avance de la obra se le nota el paso de los años hasta que le dice: “hasta acá llegamos” y le explica el porqué era su único paciente.

Llegando al final la fe ronda y la antropológia teológica se presenta y Rolón comenta porqué el antepone el raciocinio donde cuenta de su infancia y la pérdida de su fe.

La garra de la actuación de Rólón merece un párrafo aparte, con su personalidad tranquila pero que por momentos se ve avasallado y la bronca lo invade para convencer a Majo del camino a seguir. Al involucrarse en el caso se plantea dudas y conflictos que lo retrotraen al pasado. La razón es superada por su deseo de ayudar.

Majo tiene una presentación juvenil y jovial, con sus 18 años, varios planteos existenciales. A diferencia del cura Antonio, el caso empieza alegre y termina con un dejo de angustia en el psicólogo. A Majo la acompaña hasta el último momento debido a que debe atravesar por la leucemia.

Una obra interesante, que deja varias aristas a analizar: el compromiso, en este caso con los pacientes. El valor solidario de ayudar a el otro, la muerte y el después de ella con los allegados.

Finaliza la obra Rolón firmó autógrafos y libros:

 

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